Por qué la colaboración y la sana competencia (coopetencia)
El punto nodal de la propuesta de este seminario tiene que ver con pensar y vivenciar las tecnologías desde un punto de vista colaborativo y a la vez meritocrático (Castells, 2001).
El programa desarrollará distintos interrogantes que fomentarán la discusión y la participación en clase por parte de los alumnos. Algunas de esas preguntas son: ¿Qué tecnologías nos permiten actualmente plantear un trabajo colaborativo? ¿Cuáles son las nuevas formas de organización social que ellas proponen? ¿Cuáles son las tendencias actuales en este campo?
Como punto de partida el primer módulo del programa explorará el paso de las interacciones a las conexiones, considerando las pautas que subyacen en la comunicación mediante NTICs. Se esbozará una breve introducción al problema de la relación entre Internet y la sociedad, del conocimiento en red y a la producción de medios de comunicación digitales.
La segunda parte hará énfasis en las formas tecnológicas de vida como modos de vinculación a distancia. Al mismo tiempo considerará el problema de la virtualidad, la reinvención de ontologías y el diseño de nuevos saberes: críticas al conocimiento trascendente y a la argumentación.
La tercera unidad contribuirá a pensar un nuevo paradigma como es el de la ciencia de las redes. Se expondrán leyes y propiedades que caracterizan a las redes y a sus desigualdades (meritocracias).
Por último, el programa dará cuenta de la posibilidad de diseñar en red y de generar fenómenos emergentes que optimicen el paso de la producción individual hacia la producción colectiva/colaborativa.
En resumen, los distintos abordajes de este seminario propiciarán la construcción conjunta de criterios para una utilización crítica de las Tecnologías para el Trabajo Colaborativo (TTC).
Introducción a la materia
Acuñada por Fernando Flores, a mediados de la década de 1980, la expresión que presenta a la tecnología como un manojo de conversaciones resulta controversial pero al mismo tiempo esclarecedora. Porque si hablamos de tecnología nos referimos especialmente al matiz ontológico que adquiere esta palabra en la invención de artefactos, en el diseño de objetos, en su apropiación y su uso, así como también en el eventual descrédito que el término pudiera suscitar.
Se trata de comprender, por ello, las prácticas sociales que inventan a los objetos y al mismo tiempo no descuidar la pregunta sobre si los objetos, por lo menos los más inteligentes, no construyen a las prácticas sociales. Y aunque el propósito resulte ambicioso, lo cierto es que repensar hoy las nuevas tecnologías de información y comunicación (NTICs) dependerá de la forma de apropiarse de ellas, de los potenciales (y concretos) vínculos que puedan tejerse y en especial de su adecuación a los propósitos postulados en el propio aprendizaje.
Como señala Alejandro Piscitelli: “En efecto, las computadoras se han vuelto lo suficientemente inteligentes como para generar en los expertos y en muchos otros una suerte de compulsión por hacerlas omnipresentes. Sin embargo, esto no se debe tanto a los resultados que producen en términos operativos (como querrían hacernos creer los expertos), sino al modo en que circula socialmente la idea de que son la panacea para nuestros males”.
Pero, más allá de las experiencias educativas vinculadas con las NTICs y considerando que las computadoras, los celulares o los ipods no son una “panacea” para la educación, ¿cuál es su aporte concreto? ¿Cómo podemos encontrar una perspectiva que, manteniéndose crítica, no inmovilice los recursos y posibilidades que ellas mismas habilitan?
Una interesante reflexión a partir de estos interrogantes, fue la introducida por Nicholas C. Burbules y Thomas A Callister Jr. en su obra seminal Educación: Riesgos y promesas de las nuevas tecnologías de la información (2001).
En ese sentido, consideramos que el problema de las NTICs no debe dejar de lado aquellas herramientas, prácticas y mediaciones que emergen como fruto del trabajo colaborativo. Se trata, asimismo, de comprender a la Web como “compuerta evolutiva” de dicho trabajo.
Conocimiento en red
Si hablamos de la Web nos referimos especialmente al rostro gráfico de Internet, a una interfaz amistosa e hipertextual que, bajo la creación de Tim Berners-Lee, terminó explotando nuevas formas expresivas, textos, imágenes, colores y sonidos unidos a la distancia, así como nuevas formas de enseñar, aprender, ver, oír, comprar, vender, entretener y aburrir.
La Web es la realización del sueño de Ted Nelson (1987) de convertir la totalidad de lo legible en una inmensa trama de conexiones.
Afortunadamente, a partir de sistematizadas obras e investigaciones sobre la cultura de Internet (Castells, 2001), la ecología de la Red (Piscitelli, 2005) y las formas tecnológicas de vida (Lash, 2005), empezamos a percibir estos nuevos entornos en su multidimensionalidad: facilitando y ampliando los objetivos de todo aprendizaje en red, como son la indagación, la vinculación, la comunicación y la construcción de conocimiento sin antecedentes.
En la misma dirección apunta la observación de que Internet y las tecnologías asociadas, además de irreductibles a la visión telegráfica (lineal) de la comunicación humana, y mucho más a un entorno de interacción desigual y caótica, es principalmente un entorno, un espacio, una muestra sesgada pero no menos valiosa del mundo real.
En todo caso, la cuestión estriba en problematizar a las tecnologías como espacios públicos; entornos colaborativos, de co-construcción de ideas, conceptos e interpretaciones, de diseño de nuevos productos, y también como motores principales de la creación y renovación del contexto global que generan las interacciones a distancia.
En este aspecto, la obra Crítica de la Información de Scott Lash resulta contundente para comenzar a vislumbrar los enormes flujos de información y comunicación con los que convivimos y para pensar/hacer la tecnología como una práctica (actitud) cotidiana e inmanente a nosotros mismos.
Pero es a partir de las denominadas Web 1.0, 2.0 y 2.1 y de los proyectos de diseño horizontal de la información (tales como la Wikipedia) donde todos estos conceptos se vuelven aún más visibles. Hablamos, ni más ni menos, de proyectos donde los usuarios producen el valor intrínseco de una red de redes que crece exponencialmente, desde la periferia (los márgenes de la red, la larga cola) hacia el centro (los grandes servidores).
Por otra parte, para comprender la potencialidad de las redes desde una perspectiva mucho más global nos hará falta bucear en el mar de Duncan Watts, quien a partir de su original obra “Seis grados de separación. La ciencia de las redes en la era del acceso” (2000) nos explica por qué todos estamos tan estrechamente conectados y aborda el problema reticular desde las topologías y las formas de la Red en nuestros mundos pequeños.






